Arte Textil

Compendio fotográfico que forma parte de un grupo de retratos de artistas en su espacio de trabajo.

Paola Esparza – Artista textil

Mi nombre es Paola Esparza Gutiérrez, nací el 19 de junio de 1972, en Valparaíso, Chile. Soy integrante de una familia en que las mujeres fueron destacadas en el ámbito del arte textil, por la línea materna. Viví en zonas de campo, zonas de mar y zonas de ciudad, en contacto con los animales desde pequeña, el mar y la gente adulta, acompañada de historias del campo del sur chileno, en el que vivieron los inmigrantes españoles de mi familia paterna.

Mis recuerdos de infancia se centran en encontrar los  huevos de las gallinas junto a mi hermano, mirar a mi madre cómo hacía maravillas con las telas hasta el amanecer, escuchar las historias de campo tan fantásticas de mi padre, estudiar en la escuelita del barrio en la que estuve desde los 3 hasta los 7 años y en las reuniones de tejido en las que acompañaba a mi madre.

Cuando tenía 8 años nos fuimos a vivir a Viña del Mar, muy cerca de las playas en un lugar repleto de vigilancia militar, me explicaron que era un lugar seguro, aunque mucho de lo que viví ahí, me hicieron ver de que era justamente lo contrario.

A los 16 años estaba cursando primer año de Universidad, en una institución pública, a los 20 años me titulé de Psicopedagóga especialista en Deficiencia Mental, llevo 24 años de ejercicio profesional, aunque nunca dejé por periodos demasiado extensos, mi oficio inicial.

Para Formalizarlo, estudié Diseño Artístico en el año 2009, época inicial de la invasión de redes sociales y, gracias a ellas, me hice conocida.

Tomé contacto con las lanas y las empecé a usar desde los 7 años o menos, aprendí mirando, pidiendo ayuda, ensayando.  Nunca dejé de impresionarme por los colores, me fascinaron los enredos, los nudos, las texturas.

Siempre fui una persona solitaria, necesitaba hundirme en algo que me llevara a otros lugares, pensamientos, ideas, creaciones. Desde muy temprano comencé a investigarme en el ámbito creativo y en varias áreas: talleres literarios, escritura de microcuentos, poemas; dibujo, pintura, bordados, no obstante, siempre quise aprender a hacer vestuario como lo hacía mi madre. Tengo la fortuna de haber sido vestida por ella desde mi más tierna infancia.

La relación con mi madre y éste arte fue al menos complicada, ya que nunca quiso enseñarme directamente su trabajo, se me ocurrió entonces, hacer uso del recurso de la observación donde a ratos, se transformaba en una verdadera vigilancia. Recuerdo las telas, reglas, dibujos, medidas y entonces, cuando ella murió, se encarnó en mí su obsesión por el trabajo diario, la creación y el invento de formas con el material.

Las fibras naturales sueltas empezaron a ser parte del diario vivir, y entre ellas, nacieron mis dos hijas: Belén que fieltra desde los 7 años y valentina que lo hace desde los 5.

A menudo me preguntan qué es lo que dejo para mí cuando hago fieltro, en realidad atesoro mis errores y esto, en todo ámbito de mi vida, ya que gracias a ellos, he podido aprender y corregir hasta llegar a optimizar los resultados.

Confieso que no he recibido capacitación alguna en lo que al fieltro se refiere, todo ha sido intuitivo y autogenerado, vigilado y concretizado.

Ha pasado mucho tiempo desde el primer contacto con las fibras, hoy puedo decir, que mi trabajo se enmarca en la tendencia del “Arte para Usar”, darle utilidad funcional a lo creado, es algo que me apasiona. Hoy me dedico a crear complementos, tapicería, calzado, vestuario… fusionando las fibras con humedad y fricción, donde las manos son las herramientas fundamentales. Trabajo en mi taller ubicado en la parte baja de mi propia casa, donde hay al menos dos grados menos de temperatura,  por lo que en verano es realmente cómodo. Todo lo que hay en su interior, ha pertenecido a alguien más en el pasado, cada objeto es un tesoro.

Admito que me gustaría pasar mucho más tiempo ahí, ejecutando lo que aparece en mi mente a diario. También me gustaría continuar enseñado éste arte a quien quiera aprenderlo y que se perpetúe en el tiempo, a través de otras manos.

Sueño con viajar para aprender, enseñar y crear más, poder vivir de esto sería realmente un enorme privilegio, porque he estado en muchos lugares, he estado entre mucha gente (que he adorado), pero si me preguntan dónde soy realmente feliz, puedo decir con toda seguridad: en mi taller, en soledad, y entre fibras, escuchando los pasos tranquilos de mis hijas y mascotas.